Las palmeras en maceta requieren mayor atención que las cultivadas en tierra.
El cultivo en macetas para interior de las diferentes especies de palmeras requiere el cumplimiento de cuatro condiciones básicas muy bien equilibradas. Son iluminación, humedad, riego y abonado.
La luz, en interiores es frecuente que resulte escasa para las palmeras. Si no tienen una buena iluminación, no crecerán y las hojas perderán brillo. Lo mejor es acercarlas a una ventana, aunque habrá que rotarlas periódicamente debido a que se inclinan hacia la luz y pierden así la verticalidad del tronco. Además, los tubos fluorescentes cerca del follaje aportan luz y las paredes pintadas de blanco y los muebles claros también ayudan.
La humedad dentro de las viviendas también suele ser baja. Esto no es lo ideal para ninguna planta, pero mucho menos para las palmeras. Los síntomas de sequedad son: marchitarse, perder brillo y secarse las puntas. Lo mejor es pulverizar con agua o colocar un ladrillo o pequeña maceta invertida dentro de un recipiente bajo y ancho lleno de agua y encima la maceta con la palmera, sin que esté en contacto con el agua. Así, al evaporarse, proporcionará humedad.
Riego
El riego que necesita cada planta depende de diversos factores. En general, 1 ó 2 riegos a la semana en verano y en invierno cada 10 días bastará. Siempre hay que recordar que más vale quedarse corto que pasarse con el agua. Además hay que asegurarse que drene perfectamente y que no se quede acumulada en el fondo el agua excedente.
En cuanto al abono, las palmeras en los interiores crecen poco y, por tanto, con pequeñas cantidades será suficiente. Se deben usar preferentemente fertilizantes de lenta liberación en vez de fertilizantes líquidos. Los primeros van soltando los minerales (Nitrógeno, Fósforo, Potasio, etcétera) poco a poco, a lo largo de tres meses (una aplicación en primavera y otra en otoño); los líquidos son de efecto rápido.
Debes implantar césped? Dic 2006
En la actualidad se comercializan distintas especies aptas para césped. Entre las gramíneas se destacan las “Bermuda” el “kikuyo” y la “Grama bahiana” o “Grama brasilera” y entre las de hoja ancha sobresale la “Oreja de ratón” (Dichondra repens) Cada uno de ellos requiere diferente tratamiento de corte y fertilización.
La Grama (Axonopus compressus) constituye el césped más suntuoso, brillante, denso y de textura gruesa. Entre sus virtudes se destaca su modo de limitar las malezas a las que ahoga, y el hecho de no necesitar resiembra otoñal. En su mantenimiento se debe incluir el tratamiento periódico con hierro. Se da bien en espacios sombríos, suelos compactados y altas temperaturas. No tolera sequías, fríos ni suelos salinos.
Cuando hablamos de “césped Bermuda” (Cynodon dactylon) incluimos las muy diversas variedades que existen desde la Gramilla común hasta las híbridas que no poseen semillas fértiles.
El césped Bermuda forma un agradable tapiz verde mediano y por tener un ciclo vital que decae en invierno, demanda una resiembra anual a fines de verano. La resiembra se realiza con “Rye grass” (Lolium multiflorum) a fines de verano, para poder disfrutar una muy buena carpeta verde en la estación fría. No se recomienda para sombra y hay variedades (tifgreen, tifeagle) que toleran la sequía y la compactación del suelo.
El Kikuyo (Pennisetum clandestinum) es de textura algo más gruesa que la Bermuda, y de color algo mas claro. Es algo más brillante y más denso. No se recomienda para sombra y no tolera el frío. Requiere resiembra similar a la que se hace en los Bermuda. Es conveniente realizarla al término de la época cálida y antes de que las bajas temperaturas demoren mucho la germinación.